«Llegué a las clases de Movimiento Consciente buscando una forma de aliviar el dolor lumbar crónico, que sufría desde hacía más de 5 años. Había pasado por fisioterapia, medicamentos y hasta yoga, pero nada me daba un alivio duradero. El estrés del trabajo y la falta de conexión con mi cuerpo, me tenían agotada física y emocionalmente.»
«Desde la primera clase sentí algo diferente. No se trataba solo de moverme o estirarme, sino deponer atención y escuchar a mi cuerpo, sin juicio. La forma en que Flor guía la clase, me dio la oportunidad de ir a mi ritmo, reconociendo mis límites y de ir descubriendo nuevas posibilidades. Fue revelador entender que no tenía que forzarme para ver el cambio.»
«En dos semanas empecé a notar que me levantaba con menos rigidez. Después de dos meses, el dolor lumbar prácticamente desapareció. Pero además de lo corporal, lo más valioso fue recuperar una sensación de presencia y de calma. Hoy siento que estoy más centrada, con más energía y mucho más consciente de mis movimientos y de cómo me trato a mí misma.»
«Lo que hace diferente esta práctica —y especialmente la forma en que ella la enseña— es el enfoque humano y respetuoso. No se trata de hacer ‘bien’ una postura, sino de descubrir lo que cada cuerpo necesita. Flor acompaña con una escucha atenta, siempre con respeto y sin forzar. Me sentí contenida desde el primer día.»
«Recomiendo estas clases a cualquier persona que esté atravesando dolor recurrente, físico, estrés o simplemente quiera reconectar con su cuerpo de forma amorosa. No hace falta experiencia previa, ni estar ‘en forma’. Solo el deseo de abordar el cuerpo desde otro lugar. Para mí fue un antes y un después.»